Tal y como denuncia el Grupo Scout Cerredo en sus redes sociales, «esta es la imagen que tuvieron nuestros chicos y chicas ayer al llegar a su casa scout».
Una vez más, «nuestro local ha sufrido un ataque vandálico. Querida persona triste y enfadada, no sabemos qué motivos te llevan a repetir este tipo de acciones contra un espacio que utilizan niños y niñas del Grupo Scout Cerredo, desde los 6 años, para realizar actividades educativas y comunitarias», expresan desde el colectivo.
«Como ya dijimos en ocasiones anteriores, nos gustaría que, si existe algún problema o molestia, te acerques y nos lo digas directamente. El diálogo siempre será mejor camino que la violencia y el vandalismo».
«Hay que estar muy enfadado y triste», relatan, ·para dedicar tiempo a recoger varias bolsas de excrementos de perro y esparcirlas por la puerta, las paredes y la cerradura de un local en el que niños y niñas aprenden valores, respeto, convivencia y gestión de emociones. Precisamente aquello que ayuda a que, cuando sean adultos, no tengan que llegar nunca a este nivel de comportamiento».
Conviene recordar también que «la presencia del grupo scout lo único que supone para Mioño es un beneficio para el pueblo: los niños y niñas que asisten además de aprender valores, cuidan y limpian los entornos naturales, recogen basura de zonas verdes que utilizan, participan en actividades comunitarias para todos los vecinos y aprenden a respetar los espacios comunes como algo que es de todos. Además, el uso del local no es gratuito: cada mes la asociación paga una cuota a la propia Junta Vecinal por el uso y, además, el local se pinta, se cuida y se mantiene en buen estado gracias al trabajo y al compromiso del grupo y sus voluntarios».
Por último, el Grupo Scout Cerredo quiere dejar claro que, «una vez más, se ha interpuesto la correspondiente denuncia ante la Guardia Civil, a la que se le entregarán las imágenes de la cámara de seguridad, que nos vimos obligados a instalar tras anteriores ataques: el apedreamiento de los cristales, la puerta reventada, el robo de material y la destrucción de mejoras realizadas en el espacio exterior o el corte intencionado de los árboles que plantamos en el entorno, como pasa cada año».
«Nosotros seguiremos trabajando por crear del local y del barrio de San Román, un espacio seguro, educativo y respetuoso para nuestros niños y niñas y para toda la comunidad. Agradeceríamos a los vecinos y vecinas del barrio que colaboren en no permitir esto mirando para otro lado y pedir la implicación de todos para que estos hechos no se repitan. Cuidar los espacios comunes es responsabilidad compartida y nadie les asegura que la próxima vez no sea su casa», concluye este colectivo.




