EXPERTOS EN OBRA PÚBLICA DENUNCIAN EL LAMENTABLE ESTADO DEL CARGADERO DE MINERAL DE DÍCIDO

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De izquierda a derecha. Ángel Díaz-Munío, Elena García, Gerardo Cueto, Patricia Camino, Manuel Estrada y Joaquín Carcamo

8 JULIO 2015 /

El arquitecto técnico y miembro de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública Joaquín Cárcamo ha lamentado el estado actual en el que se encuentra el cargadero de Dícido, en Mioño, durante la inauguración del Ciclo de Conferencias de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria (UC) en Castro, celebrada ayer.

En el acto de apertura también estuvieron presentes el alcalde castreño Ángel Díaz-Munío, la concejala de Cultura Elena García, el director de la sede Gerardo Cueto y el director general de los Cursos de Verano de la UC, Manuel Estrada.

Según indicó el experto, en el año 2009, con un presupuesto “de un millón de euros a cargo al Plan E del Gobierno” estatal, se trató de rehabilitar el cargadero, “aunque las obras no llegaron a finalizarse”.

En una “opinión muy personal”, Cárcamo aseguró que “nunca ha logrado entender por qué se devolvieron más de 300.000 euros” del presupuesto y se admitiera “desde la Consejería de Cultura de Cantabria” que se quedase sin realizar “la parte más importante de todo el proyecto”, que era “la preservación del cargadero”, el elemento que “más riesgo corría” y el que “tenía la declaración de Bien de Interés Cultural”.

A lo largo de la conferencia, Cárcamo reconoció abordar el cargadero de Dícido con una doble mirada: “como estudioso o interesado en el patrimonio” y “con cariño”, ya que en sus años iniciales como profesor trajo a sus alumnos hasta esta zona de Castro Urdiales y pasaron “muchos días fotografiándolo, midiéndolo, dibujándolo y estudiándolo, tanto sobre el terreno como en los archivos”.

Cárcamo expuso los motivos por los cuales emplea el término inglés de ‘cantilever’ –que significa voladizo-, para llamar al cargadero y es que, a su juicio, se puede construir “fácilmente” este tipo de puente descansando una viga en dos apoyos y logrando que avance “en vuelo”, sin necesidad de construir “una pila en mitad del río”.

El cargadero de Dícido fue construido por la compañía belga Lecocq. Se trata el único superviviente de los cargaderos tipo ‘cantilever’ o voladizo que se distribuyeron en el área de Castro Urdiales y que permitían a los barcos con grandes dimensiones una mayor facilidad para la carga de minerales. En 1996, fue declarado Bien de Interés Cultural.

La próxima conferencia titulada ‘El potencial turístico del patrimonio minero de Castro Urdiales’ se celebrará mañana jueves a cargo del propio Gerardo Cueto, miembro del Departamento de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria.

Cerrarán el ciclo de conferencias la próxima semana la profesora del Departamento de Transportes y Tecnologías de Proyectos y Procesos de la Universidad María Luisa Ruiz Bedia (martes 14) con la ponencia ‘Castro Urdiales: Minería y Patrimonio’, y el catedrático de Historia del Arte Miguel Ángel Aramburu-Zabala (jueves 16) con ‘Leonardo Rucabado, ingeniero y arquitecto’.

En la imagen de izquierda a derecha, Ángel Díaz-Munío, Elena García, Gerardo Cueto, Patricia Camino, Manuel Estrada y Joaquín Carcamo