JUAN CARLOS CARREIRA REGRESA A CASTRO DESDE LA FRONTERA CON UCRANIA PENSANDO EN “LO QUE DEJAMOS ALLÍ, DONDE VIVIMOS COSAS QUE AÚN HAY QUE DIGERIR”

ESTE VOLUNTARIO DE LA DYA LAMENTA "LA LENTITUD DE LA ADMINISTRACIÓN, QUE DEBE PONERSE LAS PILAS EN LA AYUDA HUMANITARIA"

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Los voluntarios de la DYA llegaban el sábado a Castro con 14 refugiados ucranianos, tras días de viaje y 5.600 kilómetros desde la frontera con Polonia donde, además, dejaron material humanitario.

Hoy ha visitado los estudios de Castro Punto Radio Juan Carlos Carreira, uno de los voluntarios de DYA Cantabria que realizó el viaje en el convoy formado por ocho vehículos.

Ha señalado que “físicamente estamos descansados pero, desde el punto de vista mental y emocional, vivimos cosas que aún hay que digerir”. Tiene, como ha dicho, sentimientos enfrentados, en el sentido de que “soy consciente de lo que hemos sido capaces de hacer al organizar un viaje de esas características en apenas 48 horas pero, por otro lado, está lo que dejas allí y toda esa gente tratando de huir de la barbarie”.

Personas que, además, “tienen miedo de irse con cualquiera. Hay mucha incertidumbre”. Por eso, ha recomendado a los ciudadanos que “quieran ir a traer ucranianos que lo hagan siempre previo contacto con las organizaciones oficiales que lo gestionar todo allí para no dar pie a las mafias a aprovecharse de la buena voluntad de las personas”.

En el caso de la DYA, pese a haber mantenido comunicaciones previas antes de emprender el viaje con esas organizaciones, “antes de llegar nos pidieron color, matrículas, modelo y fotografías de los vehículos”. Aun así, “cuando los refugiados se montan en los coches, lo hacen con mucha desconfianza. De hecho, los que traíamos en nuestro coche fueron muy callados y serios todo el camino y sólo sonrieron cuando les dijimos que estábamos entrando en España. Ahí comprobaron que, efectivamente, iban a donde les habían dicho que iban”.

Carreira ha lamentado también “la lentitud de la Administración, que debe ponerse las pilas”. No es la primera vez que voluntarios que se están volcando en ayudar a los ucranianos se quejan de que la solidaridad del ciudadano de a pie ha ido mucho más rápida que la de las administraciones públicas.